?> ¿Cómo sonreír en momentos difíciles? - MarketingBlog

Sonreír en momentos difíciles no es nada fácil, especialmente porque lo que te haya ocurrido está atormentando tu mente. No obstante, pienso que todo depende de cómo enfrentes la situación, que además te puede ayudar a que sea más llevadera o no.

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Hacía tiempo que no escrbía un post reflexivo. He dedicado más tiempo, como es obvio a centrarme en escribir contenidos de marketing online, aunque ya sabéis que parto de la base de que para mi la vida es marketing, pero eso ya es otra historia.

El post de hoy me ha inspirado un acontecimiento que tuve el miércoles, y lo quiero extrapolar en todos los ámbitos de la vida.

No te asustes. No me ha pasado nada grave ni esto va a ser el fin del mundo, aunque estaré unos días jodido, especialmente por el trabajo, ahora mismo te digo qué me ha pasado.

Si me sigues desde hace tiempo, debes saber que practico deporte y lo considero fundamental como emprendedor. Pues bien, resulta que estaba jugando al fútbol y había regateado a un rival, que en verdad es amigo pero bueno. Estaba al borde de la portería y había un defensa que pretendía quitarme el balón y lo consiguió, con la mala suerte que pisó el esférico, se resbaló y me arrolló. Como es obvio, caí al suelo pero apoyé mal la mano derecha y uno de los dedos, concretamente el anular hizo … ¡Crraackk!! La mitad del dedo se puso hacia arriba, como en forma de L. Sí lo sé, qué sensación ¿verdad? Duele mucho.

Automáticamente el chaval que me arrolló se le puso la cara blanca y me pidió mil disculpas (me pongo en su lugar y me sentiría realmente mal). Seguidamente, se me acercó un amigo mío y me dijo:

«Jony… eso hay que ponerlo en su sitio»- como es obvio y con el acojone le dije:

» ¡Y una mierda!- jajaj, menuda tensión.

Pero el tío no se lo pensó dos veces y al despiste me hizo ¡zass! dedo en su sitio más o menos, pero con curvas. Lo sé,  has pensado… ¡diosss! ¿verdad? 🙂 .

Mientras me estaba duchando estaba pensando en el trabajo ¿ahora cómo escribo? ¡voy a perder dinero! ¿cuánto tiempo estaré así dos meses? ¡ Menuda ruina!.

De todas formas, típico de mi, estaba optimista; es más, hasta hacía bromas mientras me estaban llevando al hospital, a veces pienso que estoy loco.

La locura en el hospital

De camino hacia el hospital ya me estaba planteando que mínimo iba a estar tres horas allí, que eso no me lo quitaba ni la virgen María.

A mi amigo le dije que subiría uno de mis cuñados, que no hacía falta que estuviera conmigo todo el rato y le agradecí mil veces por el favor que me estaba haciendo.

Llegamos al hospital y en serio, aquí empezó toda la locura. Una locura que jamás olvidaré.

Estoy esperando a que me atiendan y empezaron a entrar gitanos sin camiseta con una mujer llorando porque su hijo había tenido un grave accidente (por suerte sólo quedó en un susto). Se desmayó no se cuantas veces y todos los enfermeros corriendo para tranquilizar a la pobre madre. No obstante, no pude remediar pensar en…

» Poneros la camiseta queridos amigos que esto es un hospital no la playa (lo digo por sus acompañantes que eran por lo menos 20).

Me atendieron enseguida, a los 10 minutos y pensé… Joder que rápido. Pero eso sólo fue una mera ilusión, porque aún me quedaba mucho por esperar. Por cierto, entré  en el hospital a las 21:30h.

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La cola interminable y la locura en la sala de espera

( voy a resumir o haré un libro). Me llevan a una sala de espera. Como es normal, allí sólo ves caras agrías y con cara de dolor. Pasan las horas y las horas, los mismos que estábamos desde entonces seguíamos allí. Parecía que se hubieran olvidado de nosotros.

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Por fin apareció mi cuñado y empezamos a cachondearnos de mi dedo (ver para creer). Seguidamente, que por cierto la mayoría éramos jóvenes, empezamos a hablar de lo que nos había pasado.

Hasta aquí es lógico, pero cuando son las dos de la madrugada y te dice una paciente que estaba allí desde las 17:00H, es cuando piesas… ¡madre mía, no me queda ná a mi!.

Curiosamente fuera de todos los pronósticos me llaman a mi antes que el resto. Y digo esto, porque había un chico como yo con lo mismo que llevaba desde las 18:00H.

Pues bien, me atienden nada, un minuto, me preguntan qué me había pasado otra vez y me dicen ahora te harán una radiografía ¡Joder para eso me llamas! Si ya sabéis que tengo ¿por qué no me mandáis a hacerme la radiografía directamente? Pensé yo con cara de incrédulo.

Al salir todo el mundo estaba con la expectativa de lo que me habían dicho, y al explicar el suceso empezamos a cachondearnos, a reirnos (sólo faltaba contar chistes). Es más, un señor mayor, sin saber por qué, empezó a agitar una coca-cola y al abrir el tapón salió espuma a borbotones, todo el suelo manchado. Como es obvio toda la sala empezó a reirse a carcajadas.

Viendo la expectativa, me dió por decir ¿Oye esto parece una fiesta, unos cubatillas no? Y dijo mi cuñado… Bueno coca-cola tenemos. Otra vez risas y más risas. Los enfermeros se plantearon si estaban de after o trabajando, total, una consulta no lo parecía.

Tras un poco de calma, por fin me llamaron para hacerme la radiografía (me llamaron tres veces) y me dijo el chico que no tenía una rotura ¡si no una luxación! Increíble pero cierto. Al final pensé que la situación no era tan grave y que además me estaba echando unas risas ¿qué más se podía pedir?.

Momento de la internvención

Esto ya fue el colmo, de verdad. Me dijo el enfermero que me iban a poner anestesia, cosa que le extrañó a mi cuñado porque así no se suele hacer. Pero luego lo entendí todo: resulta que eran dos enfermeros de prácticas (sin supervisión de una persona más cualificada) y me empezaron a estirar el dedo para ponerlo en su sitio.

El dolor era horroroso y el tío no era capaz de poner en su sitio el dedo. Y dijo literalmente: «Yo no puedo ahora vengo». Flipé en colores.

Seguidamente empezaron a entrar enfermeras como si eso fuera una pasarela de modelos y de verdad, una de ellas me cogió el dedo y sin hacer fuerza hizo crack y » dijo ala ya está», ni me dolió.

El típico refrán de «más vale maña que fuerza» es una realidad.

Sonríe ante las adversidades, nunca sabes el desenlace final

Es lo que he aprendido de esta experiencia. Hay que sonreír aunque las adversidades aparententen jodidas, ya que a veces todo puede ser mejor de lo que uno piensa.

Ahora tengo una tablilla en el dedo y sólo lo tendre 10 días puesto. Al fin y al cabo no es para tanto. Y fíjate, te acabo de escribir casi 1200 palabras con un dedo.

Además, la alegría cura los males. Así que ya sabes, a malos tiempos buena cara (¿era así el dicho? ni lo recuerdo, da igual 🙂 ), no vaya ser que por culpa de tu negatividad empeores las cosas 😉 .

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